Durante las primeras etapas de su carrera de Grandes Ligas en Nueva York, José Contreras en verdad se sintió como que no era uno de los jugadores favoritos entre los fans.
Esta distancia entre el sistema de apoyo de los Yankees no trató los problemas del cubano en el terreno, especialmente sus problemas con los Medias Rojas, los cuales deberÃan ser más que suficiente para causar conmoción en el Bronx. En vez, el derecho se sintió apartado porque no podÃa comunicarse con los hombres y mujeres que pagaban para verlo trabajar en la lomita.
Contreras se imaginaba a los seguidores del equipo enfadados con él porque no entendÃa lo que ellos le pedÃan.
“Aveces, cuando llegué y pensaba que no necesitaba hablar inglés, los fans me pedÃan un autógrafo y no les entendÃa”, explicó Contreras. “No les prestaba atención porque no sabÃa lo que querÃan.
“Me imaginé que los fans decÃan que no era una buena persona porque no les prestaba atención. En realidad no entendÃa lo que pasaba”.
Para Contreras ha sido una odisea larga y extraña desde esos primeros dÃas en Nueva York en el 2003, una odisea que le dio un anillo de la Serie Mundial, 17 decisiones en fila con una victoria, un récord en los White Sox, y la única temporada en la cual este fantástico talento ha batallado fue en el 2007. La odisea también ha producido un serpentinero cubano que ahora puede tener una conversación en inglés, para acompañar su fluidez en español.
¿Cómo fue que Contreras llegó a este punto con un idioma que no conocÃa al llegar a los Estados Unidos? Contrató un instructor particular para que viviera con él en Tampa, Florida, durante los últimos tres meses del receso de temporada y luego otra vez en Tucson, Arizona, durante los Entrenamientos de Primavera.
La situación forzó a Contreras a estudiar en una atmósfera de inglés intensivo, debido a que el instructor no hablaba español. Ambos iban de compras y a restaurantes, para que Contreras comenzara a comunicarse y superara la timidez de tratar de hablar inglés.
El dirigente venezolano Ozzie Guillén dijo que el obstáculo más grande para muchos peloteros de habla hispana es superar la timidez de hablar en inglés.
“No tengan vergüenza de cometer errores cuando hablas porque cuando estás aprendiendo otro idioma vas a cometer errores”, indicó Guillén, quien aprendió inglés cuando era un adolescente a través de sus compañeros de equipo. “Luego de esta vida en el béisbol, hay otra vida, y también tenemos que cuidar esa vida. Será más fácil si aprendes el idioma”.
Guillén también le dio este mensaje a los jugadores de Ligas Menores de los White Sox durante una reunión antes de partir de Tucson. La noción que muchos peloteros de habla hispana, según Guillén, es que no necesitan el inglés para jugar béisbol porque solamente están aquà para ganarse la vida jugando.
En el curso del tiempo, Contreras se dio cuenta de eso. No es una coincidencia que el cubano comenzó a brillar con los White Sox, jugando con un manager que habla español, con una fuerte base hispana en la nómina.
Sin embargo, su dominio del inglés le ha abierto nuevas lineas de comunicación esta temporada.
“No me da miedo iniciar una conversación”, dijo Contreras. “En el pasado, entraba al camerino, me sentaba y me aislaba de todo el mundo. Le temÃa a algo. No era miedo, pero temÃa cometer un error.
Esta decisión de Contreras durante el receso de temporada también lo ayudó a acercarse a sus dos hijas, Naylan y Naylenis, quienes orgullosamente Contreras menciona que aprendieron inglés cuatro meses después de llegar a los Estados Unidos. Su aprendizaje también le da la oportunidad de tener una mejor vida después del béisbol, la cual puede venir dentro de cuatro o cinco años.
La lección que Contreras aprendió casi a las malas se la ha pasado a su compatriota Alexei RamÃrez, quien se unió a Contreras y los White Sox en el 2008. Según Contreras, la vida se te hace más fácil cuando sabes lo que la gente quiere o lo que dicen.
“En este paÃs, el idioma común es el inglés y quiero aprender ese idioma”, añadió Contreras. “En el pasado, para mà era difÃcil. Ahora, me siento parte de la sociedad. Puedo ir a un restaurante. La gente se acerca a mi mesa, y les puedo hablar. Ahora estoy pensando cómo esto me ayudará cuando deje de jugar”.














