La gloria, detalle por detalle

5 04 2010

Harold Iglesias y Aliet Arzola Lima
Fotos: Yamil Lage

Tomado de Tribuna de la Habana

Cuando los corazones de millones de cubanos dejen de palpitar al compás de la pelota, en sus mentes todavía navegará el memorable recuerdo del jueves primero de abril de 2010, fecha en la que los Leones de Industriales rugieron por duodécima ocasión en la arena.

A la usanza de Espartaco, no puede ser otro quien emule con esta versión azul toda garra, airosa en cruenta batalla pactada a siete estresantes actos, con otro grande de nuestros clásicos: Villa Clara, su archirrival en cruciales escenarios de lucha.

Escabroso e inaudito su camino a la gloria, en el que dejaron fuera a contendientes “superiores” en los papeles: Sancti Spíritus –el más ganador–, La Habana –pitcheo endemoniado y monarca defensor–, y Villa Clara, único elenco del patio con más de 50 victorias en la última década.

Urgellés remolcó 20 para el plato

Urgellés remolcó 20 para el plato

Ante los gallos, los diestros Odrisamer Despaigne y Armando Rivero se vistieron de héroes, no solo por ganar pareja de juegos cada uno, sino por limitar al tridente Yulieski-Cepeda-Eriel a un solitario cuadrangular en 56 veces al bate.

Por si fuera poco, el receptor y el jardinero izquierdo de los últimos equipos nacionales apenas produjeron dos carreras con siete inatrapables, algo inconcebible para hombres que remolcaron 166 compañeros y largaron 44 bambinazos.

Así, Industriales les dio agua de su propio chocolate a los espirituanos y Rudy Reyes conectó jonronazo con la casa llena en el Latino para sentenciar el play off inicial en cinco episodios.

La semifinal, con La Habana como oponente, se tornó algo más complicada, sobre todo por la resistencia de los estelares pitchers rivales, amen de soportar 28 carreras en seis desafíos.

Jonder Martínez no logró mantener el recio dominio que tuvo ante Cienfuegos, mientras Yulieski González fue el gran perdedor de la serie, explotado en tres ocasiones y víctima de un inusual descontrol.

El zurdo de Alquízar ni siquiera se acercó a someter a la tanda azul, plagada de bateadores siniestros como Alexander Malleta y Yohandry Urgellés, quienes demostraron nuevamente su sobrada calidad para imponerse en momentos cruciales.

Reza un adagio que no hay peor cuña que la del mismo palo, ajustado a esa máxima el veloz veinteañero Armando Rivero relevó como un consagrado en el escenario, que solo un año antes lo vio vestir la casaca vinotinto.

CONTEO REGRESIVO HASTA EL TROFEO

Primer partido: pronósticos divididos, pero de lo que sí no cabía la menor duda era que la final se desataría a “muerte”, especialmente por las características similares sobre la grama de ambos contendientes. Ese fue el reflejo del reñido 3-2 favorable a los de Martín Saura, con un Freddy Asiel incomodísimo tras el primer tercio, un Andy Zamora vestido de héroe con dos para el plato del total de sus huestes, y un Arleys digno, aunque sin decisión. Ah, para Rivero una de cal y otra de arena: solvente con bases llenas sin outs y fatal en el “siguiente” episodio frente al tercer madero villaclareño.

Segundo duelo: el panorama se tornó naranja, en gran medida gracias al siniestro Robelio Carrillo, autor de una lechada fulminante de dos hits. Un error en tiro del antesalista Leugim Barroso, reivindicado con creces en los demás pleitos, sentenció la suerte de Odrisamer, que soportó como única limpia el enorme vuelacercas del máscara Ariel Pestano.

Volvió la esperanza en el tercer capítulo: juego de carreraje que sirvió de aliciente con el intenso despertar ofensivo. ¡Cinco cuadrangulares, señores! Rudy, Urgellés, Malleta y dos de Stayler. Para él y el temerario inicialista capitalino en instancias decisivas, las palmas, cuatro remolques per cápita, además de hacer salir cabizbajo desde la colina de los suspiros al olímpico Luis Borroto, ¿presión, nervios? Un dato curioso, el diestro archiva seis fracasos en línea en el Latinoamericano.

Armando Rivero, un puntal en la victoria

Armando Rivero, un puntal en la victoria

¿El desenlace? 12-6 favorable a los de casa en un Coloso del Cerro quizá no tan abarrotado por la fiebre de adeptos, pero que disfrutó dos sensacionales engarces de Raiko Olivares sobre el segundo cojín y vio emerger nuevamente a Rivero como brazo de hierro de la armada.

Igualada y nocao incluido en el cuarto choque: 11 veces pisaron el home los azules con veinte inatrapables, cinco de ellos al joven novato de la “mano equivocada” Yasmani Hernández, finalmente bateado, y por cierto, explotado en el mismo inning inicial. Si me cuestionaran, su decisión como carta abridora un tanto precipitada.

La cara opuesta: Arley Sánchez, inmenso desde la colina de los martirios con apenas par de inatrapables en seis entradas. No sintió presión el zurdo ante un Latino que reportó su mayor concurrencia de la historia, cerca de 59 mil boletos vendidos.

El quinto, juego de la muerte: crucial por la importancia de llegar al Augusto César Sandino con ventaja, pero en esta oportunidad el vaticinio experto del que gane el quinto gana la serie se desmoronó.

Pestano y Borrero, ¡qué par de jugadores! Verdugos de dos Frank, Menéndez y Monthiet, el primero perdedor, en tanto el otrora estelar con la casaca tricolor, una vez más conectado a la hora cero, película fiel de sus salidas ante espirituanos y vaqueros.

Choque en el que hubo de todo, jugada tóxica en segunda base con Malleta como corredor y fallo arbitral errado, unido a la expulsión del antesalista Ramón Lunar, costosa en el veredicto del sexto juego.

Del otro lado, rotación de lanzadores azules un tanto incierta y ofensiva silenciada por el novel Hernández, esta vez de héroe, y Yolexis “machete” Ulacia, el cerrojo naranja.

Retrasado el alirón naranja en el sexto: la ventaja inicial de los locales (4-0) hacía presagiar el fin de quince años de sequía, pero la ausencia de Lunar en la esquina caliente forzó la colocación del joven Yandy Díaz (18 años) en la intermedia.

A la postre este movimiento provocó errores que costaron carreras y dieron vida a los azules, ahora con una ofensiva repartida y una lección clásica de filosofía de equipo.

Imposible pasar por alto el relevo largo de Rivero, por enésima vez estandarte del pitcheo capitalino, que contó además con excelente cierre de Yohandri Portal, restablecido con su rescate número 17.

Séptima puerta para abordar campeones: nunca antes, al menos de los que yo he sido testigo, y salvando el jonrón de Marquetti en 1986, fue más verídica la canción del dúo Buena Fe “Soñar en azul”.

Apostar a Arleys nos daba cierta garantía en la apertura, aunque el relevo se perfilaba un tanto más débil que el naranja.

Así llegamos al octavo episodio, ventaja de 5-2, y Mizunos 150 más allá de las bardas por parte de Serguey – prendió la chispa– Malleta y Rudy, cohete de Urgellés trajo la holgura, pero al cierre del octavo Yandris Canto le desapareció la pelota al relevista Brian Ruiz y sacó de las cenizas a sus parciales.

Con el tenso abrazo todas las miradas se dirigieron al ex juvenil Joan Socarrás. Para materializar su hazaña contó con el apoyo de Rudy –hit y error en tiro de Leonys–, y Stayler hecho a la medida del traje azul con kilométrico doble impulsor de la definitoria.

Ya lo habíamos dicho, graduación memorable de Socarrás a sus 19 primaveras, con cinco ponches de ocho bateadores a los que se enfrentó. ¡El trofeo al alcance de la mano!
¡Así ganó Industriales! Imbuidos en una dinámica colectiva impresionante supieron sacar la casta de los grandes campeones, liderados por Urgellés y Malleta, inmensos con 20 y 18 compañeros impulsados, respectivamente.

La historia se volcó como pocos esperaban de un año a otro: duodécimos en el anterior curso y monarcas ahora. Solo fue posible gracias al team work, a la entrega de cada integrante de la novena, todo el tiempo comprometida con la afición y la pasión que despiertan los leones en los más de 11 millones de cubanos, adeptos o no.

Nuevamente el juego de Cuba triunfó, con dos colosos en el terreno, la vida quiso que el mejor una vez más saliera airoso. Hasta noviembre y por duodécima ocasión, entre cielo y tierra, solo existe el azul.


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